En Estados Unidos hay muchísimos certámenes de belleza infantil: Baby Queen, Miss Diamante, Little Miss Perfect, Muñecas de Glamour y un sinfín de concursos que convocan niñas de entre 6 meses y 12 años como paso previo para iniciar una carrera como modelos.
Son los padres y madres de las pequeñas los que las presentan a estos concursos para conseguir premios que las hagan famosas. Las cifras de los premios no superan los 200 dólares. Sin embargo, estos concursos mueven millones. Deberían ser denunciados como explotación infantil y abuso de derechos humanos de la infancia, pero nadie hace nada porque están permitidos. Miren las sonrisas forzadas de estas dos niñitas:
Ya un poco más grandes, surgen, para editoriales de revistas, pasarelas de moda, y colecciones de maquillaje, cantidad de jóvenes que se someten todos los días a un ritual completo de maquillaje y peinado que las lleva a convertirse en Barbies humanas. Toda su vida gira alrededor de una obsesión: parecerse a la muñeca de sus sueños infantiles. Toda una vida dedicada a ser como muñecas de plástico a base de operaciones de cirugía estética que les dejan una cintura de avispa en sus ya imposibles cuerpos.
Valeria Luckyanova es rusa y tiene 21 años, en sus fotos no hay trampa ni tratamiento de imágenes por Photoshop. Su extrema delgadez es real al igual que todo lo demás. Y ese es precisamente el problema.
Dakota Rose es otra muñequita viviente, otra Barbie de carne y hueso, que cosecha multitud de fans en internet. Tiene 17 años y es de Florida. Su nombre de guerra es Kota Koti y ahora se siente destronada por Valeria o Venus Angelic o Naoko Kamijo o Michelle Phan, la lista se va ampliando cada día que pasa.
Cómo empieza todo esto? Hay gente que dice que si a ellas les gusta y se ilusionan con eso, no existe problema alguno…
Pero yo me imagino una niña de 4 o 5 años llorando porque no quiere que le depilen las cejas antes de uno de estos concursos de belleza. Y el estrés y la presión a la que deben estar sometidas. Los primeros culpables son los padres, pero hay todo un negocio millonario organizado detrás de esto, que obligan a las menores a prácticas estéticas totalmente alejadas de lo que debe ser una infancia o adolescencia normal.