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Solteras por elección








Soy una mujer que ha decidido por voluntad propia vivir sola y no me interesa casarme, soy muy feliz así. Vivo bien, soy profesional, viajo y tengo un departamento precioso y no me da miedo la soledad en la vejez. Te cuento todo esto porque al parecer mi familia no lo entiende, ni nadie de mi entorno. No soy lesbiana, ni una mujer fea , es más, tengo muy buena respuesta de los hombres y me gustan, pero no para vivir con ellos. ¿Estoy tan errada? ¿Es normal esta conducta? Porque llega un momento que así parece desde afuera, pero yo me siento bien con mis elecciones. Me gustaría hablaras de este tema en tu columna que sigo ya hace años.

Clara 35 años.

Cada vez más las mujeres en diferentes ciudades del mundo deciden vivir solas. Mujeres heterosexuales u homosexuales, con capacidad de seducción y con oportunidades, optan por tener vínculos no estables y dedicarse al desarrollo personal, profesional o disfrutar de la vida dentro de los parámetros que enmarcan la soltería.

Aunque para muchas mujeres la idea de no conseguir pareja les genera angustia y temores, a otras no les preocupa y están defendiendo su elección frente a una sociedad que aún ve un poco extrañada esta conducta, sobre todo en culturas como las latinoamericanas.

En Europa esto es tan común que ya existe un sistema de marketing orientado a las “solteras”. Hablamos de ellas porque es el tema de hoy pero también se ve este fenómeno en varones. Empresas inmobiliarias, agencias de viajes, hoteles, servicios de gastronomía, y hasta clínicas de fertilización, ofrecen propuestas para “uno”, con atractivos muy diferenciales según sus intereses.

Algunos especialistas explican que el perfil más común de estas mujeres las posiciona en un estado socio económico medio-alto o alto. Suelen ser profesionales o empresarias, y dedicadas a su salud física y emocional, asisten a cursos de superación, gimnasios, psicoterapeutas, etc. Tienen metas muy claras en esos aspectos. Por lo general son personas con un nivel de autoconfianza y autoestima fortalecido, sobretodo en estas sociedades latinas donde, como dijimos, esa elección muchas veces implica enfrentar esquemas de conductas establecidos como esperados.

Es importante notar la diferencia de mujeres que, por diferentes motivos, no logran concretar una pareja, ya sea por problemas en su capacidad de cortejar o de seducción, como por desilusiones o conflictos mal resueltos del pasado y entonces se quedan solas, no por elección, sino por resignación.

Esto es un problema, porque la mujer no suele sentirse feliz sino resignada. No viven solas por elección, sino por circunstancias conflictivas en torno al concepto pareja.

La gran diferencia se centra en que la mujer que elije libremente esta forma de vivir: es feliz con esta elección.

Muchos podrán decir que no es “natural” la soltería pero en realidad el concepto de vivir en pareja es más cultural que natural. Si vamos a las raíces y observamos a los animales, muy pocos conviven con sus parejas en forma cercana compartiendo un espacio reducido y trabajando en conjunto por un fin común por mucho tiempo. En realidad la convivencia en pareja como la conocemos en la actualidad está sostenida por estructuras transmitidas por lo cultural de cada sociedad y eso lo tomamos como lo natural por costumbre y por ser favorable para los fines de desarrollo en un momento histórico, por necesidades personales, afectivas y de crianza de los hijos.

Esto no tiene que ver necesariamente con la multipareja, ya que una mujer que decide vivir sola puede tener una pareja con “cama afuera” por muchos años. Quiero decir que la decisión de vivir sola no tiene por qué ser sinónimo de promiscuidad o de darse permiso o motivarse al cambiar continuamente de pareja.

Hoy cada vez más aceptamos la diversidad, y diversidad es un término que no se refiere solo a la orientación sexual sino a las elecciones respecto a la manera de vivir la intimidad y la vida misma.